miércoles, 26 de septiembre de 2007

Piece of metal

Tenía que alcanzar la cima de la colina. Tenía que llegar, como fuera. Ya no importaba matar, asesinar, acribillar a balazos. Había visto cientos de cuerpos mutilados y desgarrados, por la metralla, por las hojas afiladas, por las balas, por el napalm que caía del cielo cada mañana. De hecho, estaba rodeado de cuerpos sin vida.

Ya nada importaba...

Hacía meses que no recibía cartas de su novia. Seguramente le habría dejado por otro, por alguno hippie de pelo largo lleno de piojos, de esos que estaban tan de moda ahora allá en casa. Al principio ella le animaba; poco a poco las cartas empezaron a tardar más y más, y ya, nada. No era el único al que le había pasado, de todas maneras. El bueno de Max no llegó a recibir ninguna carta... -...Esa furcia... -decía a veces en voz baja. Hasta que un jodido vietnamita le voló la tapa de los sesos.

La guerra no era popular en Estados Unidos. La última vez que fue a casa, una muchedumbre melenuda les recibió con abucheos y escupitajos. -¡Volved a Vientam! -decían. -¡Aquí no queremos asesinos!
Unas cuantas chicas preciosas de pelo largo les tiraban huevos.

Él se había enterado de que incluso el presidente Kennedy daba por perdida la guerra, pero como general no quería que sus hombres se enteraran. Sería como una patada en los huevos.

Estaban en el puto infierno.

La jodida colina...

Antes estaba llena de árboles. Ahora no quedaba ni un tronco en pie. Las granadas de mano los tiraban abajo, y el napalm se dedicaba a kemar los troncos y los cadáveres esparcidos. Estaba todo lleno de agujeros y trincheras, por todas partes. Los vietnamitas habían cabado fosos con maderas puntiagudas en el fondo... Al menos era una muerte rápida.

Hacerse con ella era su vida. Ya le daba todo igual, no sabía por quién luchaba, su país los odiaba, nadie quería esta puta tierra llena de junglas y de ríos. No sabía por qué estaba allí. Se alistó buscando la gloria y solo encontró misería y muerte, destrucción inútil; esta guerra no tenía sentido. Así que decidió centrarse en la colina. Después de todo, no podría irse de Vietnam.

Todos hablaban de lo que harían cuando llegaran a casa. Grandes sueños... Recordaba todos los proyectos de sus chicos, aunque estuviesen muertos. Joder... Un cuerpo inmóvil, con una expresión vacía... Antes había estado lleno de ilusiones y de ganas de vivir. Ahora estaba lleno de plomo. Esta puta guerra no servía para nada, sólo para llegar a la colina y para matar o morir en el intento.

Se sentían solos. Subiendo la embarrada pendiente y esquivando los obstáculos, se echó al suelo para cobijarse contra las balas. Los vietnamitas habían construído en lo alto de la colina una trinchera, y, joder, siempre venían más, nunca se acababan... Ellos no pintaban nada allí.

Pero ya quedaba poco... Llegarían a la cima.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

¿Qué te pasa?

Estaba sentado, con la mirada perdida, fija en un punto.

-¿Qué te pasa?- preguntó ella.

-Me pasa el Mundo niña... Me pasa el Mundo.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Anni Kookoo

The places that we lived, the living that we did
The places we were put, the things we were giving
...The things that they took
They took away our pride, and if they didn't
Take our lives, they took away the things that made us feel alive

She says
What have we become, what have we become?
How did this become, how did this become?

The old women reflects from the east to the west
She thinks of her grandmother and her grandfather
and the strength that they had
Now she looks to the young
With all their sniffing and their drugs
The drinking that has stolen so many souls
and flooded her sacred blood

She says ooooh what have we become,
what have we become
She says ooooh how did this become,
how did this become

She says oooo the bottle took my son,
it took away my son
She says oooo where we going to run,
what have we become.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

martes, 4 de septiembre de 2007

Tu bar

No volveré a menear el kakas en tu bar. Menearé el kakas delante del gili de tu puerta. Menearé el kakas en el parque con un brik de peleón.

¿Pero qué pasa en tu bar? ¿Qué hay en tu bar? ¿Cagáis en doradas patenas? Pues yo sólo veo un tugurio vulgar, una cloaca sin gloria ni pena. Y el desfile de muchachas bonitas que se emborrachan y vomitan. No deja de ser pintoresco pero no justifica estos precios dantescos. Ni que haya en la puerta un cenutrio siniestro. Yo sólo vine a tomarme una cerveza.

¿Qué coño hace tu pistola en mi cabeza?
¿QUÉ COÑO HACE TU PISTOLA EN MI CABEZA?

No volveré a alternar con esa especie de jet-set que va a tu bar. Ni aunque cambie de dueño y pongan una jaima. No creo que lo pise, no, porque aun no he superado el trauma.

¡...Pero qué facilidad, qué soltura para hurtar! ¿Desciendes de Curro Jiménez? No recuerdo haber pedido 20 kilos de caviar, sino un tercio, un tercio, ¿¿¿entiendes???

Si supieran de este desmadre, ¿qué dirian tus compadres? Pensarian que es una broma o que abreba en tu bar hasta el papa de Roma, que después de dar misa, en tu antro la toma, y paga los chatos a precio de viñedo, sólo porque llevan la grasa de tus dedos,


¡¡SOLO PORQUE LLEVAN LA GRASA DE TUS DEDOS!!

sábado, 1 de septiembre de 2007

Se fue la luz

Se fue la luz. Mierda. Ahora me voy a perder este episodio. Bueno, qué más da, ya lo he visto anteriormente. Aunque tengo que reconocer que verlo en la tele en lugar de en el ordenador es más emocionante.

Siempre que se va la luz, me imagino a los que trabajen en los generadores cercanos, afanándose en reparar la avería con nerviosismo y sudor en la frente. Seguramente no será así.

Comí en la terraza del 7º, acompañado por mi hermana. Una vela nos iluminaba. Después, ella se fue, y yo terminé mi cerveza mientras escuchaba Héroes. Este grupo tiene la cualidad de sumergirte más aun en la oscuridad, con ese halo romántico y grave.

Contemplé los edificios, las moles de cemento que se erigían frente a mí. Solo había algunos pequeños puntitos de luz en ellos, el resto del cuadro estaba sumido en la noche. Después se sumaron algunos más, cuando los dueños de los pisos fueron encontrando sus respectivas velas. Los más despistados maldecirían, y se estarían imprecando a sí mismos que ya no se los volvía a olvidar comprar velas. Me reí... Se les volvería a olvidar.

La llama instalada sobre la mesa luchaba por su vida, fugaz pero siempre renaciente, contra el viento. Abajo, fuera de todo misticismo, rodaban algunos coches, con sus faros encendidos para poder discernir vagamente la senda correcta entre tanta negrura. Avanzaban lenta y torpemente, privados de las farolas, como un bebé que da sus primeros pasos, destronada su soberanía por la noche. Qué torpes, era gracioso verlos balbucear sobre el asfalto.

El cielo estaba sin nubes, relativamente limpio. Se veían las estrellas, no muchas; pequeños puntitos de luz que parecían conversar, secretamente, con los otros formados en la Tierra por las velas.

A la izquierda se abría el Mar, profundo, con sus aguas calmadas, acariciando las arenas y las conchas que él mismo gestaba y después escupía. Desvalida la tierra de su sagrada electricidad, éste ganaba en supremacía sobre ella... con sus simples mortales pequeños y desarmados, parecía que iba a ser engullida por el agua, por el dios océano, inmenso, mágico y majestuoso, hipnotizante... el Mar parecía agresivo con el exterior, pese a su gran calma, pero sin duda su interior mima y cuida con recelo sus tesoros, cobijados en su seno.

-Aquí terminas tú-, parecía decirle a la tierra. Provocaba respeto.

La luna brillaba sobre el agua, vertiendo la luz sobre su superficie y haciéndola parte de ella. Como dejando claro que mandaba ella, que era ella quien forma las mareas, que la luna manda sobre el mar. Aunque no lucía llena, radiaba mortecinamente blanca.
Aun así no observaba; más bien era observada, como una princesa guardada con celo hasta que sus encantos afloran y es vista por primera vez como mujer en un baile. Allí estaba, flotando en el éter... danzando... en la eternidad que nos inspiran los cielos y el universo, un círculo blanco en otro océano, el de las constelaciones.

...

Ah... Ya lo creo... La electricidad nos roba muchas cosas...

Entre ellas, a veces, la verdadera vista.