viernes, 16 de noviembre de 2007

What a shitty day... and it's mine

...the most shittiest day of my liiife.

No es cierto, pero son las típicas gilipolleces que se le ocurren de vez en cuando a uno.

Hoy, exámen de FC un tanto follante (para mí). Ya sé que voy a tener que estudiar mucho más de lo que estudio si quiero hacer esto de manera decente. Lo malo es que a veces no hay dónde agarrarse para tirar palante, pero bueno, "believe when you can't believe anymore", como dicen los Nevermore en The heart collector.

Aún no he hablado por aquí de la carrera. Tampoco hay mucho que decir, excepto que no hay tías, y te vuelves majara. Hace que no huelo hembras ya un tiempo, y los efectos se dejan notar. Desde aquí hago un llamamiento, a todo esto, si alguna quiere sexo que me llame. Eso, otro aspecto a destacar de esta carrera es que te vuelves un sinvergüenza.

Ya postearé alguna de mis mierdas mentales, un saludo a todos, entes inmundos

miércoles, 24 de octubre de 2007

La hora de los inadaptados

¿No os habéis dado cuenta? La noche es la hora de los inadaptados.

La noche es la hora de lo extraño y lo oculto. De aquellos que no encajan en la realidad; ellos se ocultan en lo irreal. La luna ejerce sus influjos y todo se vuelve distinto.

La noche forma parte del todo junto al día, pero son distintos. Los inadaptados se cobijan en ella. Son aquellos incapaces de dar su cara a conocer al Sol. Los que están en conflicto, no con los demás, sino con ellos mismos.

Aquellos cuya inteligencia se vuelve contra ellos mismos (Beyond the realms of death) sólo pueden descansar en la noche. La noche es su hora. Vuelven a las trincheras para descansar del bombardeo del día; las enfermedades los azotan pero siguen vivos. Con algo de suerte incluso duermen.

La noche es la hora de la locura para los cuerdos. Todo es una imagen en negativo. Nosotros nos volvemos locos, y la mañana lo arregla todo, lo desmiente. Malditas esas mañanas en las que está nublado; parece que el día nunca comenzó, que todo es una continuación a medias de la noche.

La noche es esa estructura vacía que tiene cabida para todo y para todos. Cada uno la rellena como quiere, cada uno con su estilo. Cada uno abre su interior a la luna y a las estrellas, al cielo negro. Todo el mundo, sin excepción. Pero cada uno a su manera.

La noche es la hora de los inadaptados

domingo, 21 de octubre de 2007

Héroes del silencio

Hoy es un día en blanco, uno de esos domingos en los que no haces nada porque realmente no tienes ganas de hacer nada. Pero, a la vez, te aburres, y piensas, "coño, voy a hacer algo". Es inútil; seguirás sin hacer nada, te lo digo yo.

Y más después de algo como lo que viví anoche, el concierto de reunión de una de las bandas más internacionales y grandes que ha dado nuestra madre putria, Héroes del silencio, yeja. Así que se me ha ocurrido hacer una especie de crítica del concierto.

Me fui para allá a la hora de comer aproximadamente. Había gente sentada al lado de la cola. Estuvimos allí haciendo el parias hasta las 17:30 aproximadamente, con un calor que te pegaba tol tortaso en la nuca y te dejaba tieso.

De repente vimos a los héroes correr hacia dentro del estadio, se metieron, y seguidamente abrieron las cancelas... -Momentos agónicos en los que casi me mato- y estabamos ya en las colas formadas para entrar. Tras ser canjeado mi ticket tuve que emprender una carrera para llegar a primera fila. En ese momento pensé... "¿Por qué coño estoy corriendo para ver a Héroes del silencio en primera fila?"... Bueno, supongo que porque mis colegas estaban haciendo lo mismo...

Tras esperar unas 3 interminables, soporíferas, y agobiantes horas, empezó el espectáculo. Abrieron con El estanque y siguieron con Deshacer el mundo. No voy a comentar el setlist entero, las únicas mas raras que tocaron fueron Tumbas de sal, Bendecida y El mar no cesa. En mi opinión faltaron Flor de loto, Flor venenosa, Rueda fortuna (especialmente), y alguna más cañera como Los placeres de la pobreza o algo así.

El sonido fue impecable, me jarté de cantar, el montaje estaba tela de currado, digno de auténticas estrellas de rock and roll, el estadio estaba a rebosar, y al final tiraron al cielo unos fuegos artificiales la mar de lindos.

Lo malo: o soy yo, o estaban un poco desganados, al menos el Valdivia, el bajista y el batería no se movían. Sé que siempre han sido así, pero eso hace el concierto a veces un poco monótono, porque dependen de lo que haga el frontman únicamente. La comunicación con el público no fue demasiada. Pero eso, más que nada, una falta de fuerza y de ganas, que es algo que creo, toda banda de rock debe tener.

Pero bueno, no estoy decepcionado en absoluto. Realmente nunca fui un gran fan de héroes del silencio, los empecé a escuchar algo más en serio cuando me enteré de se reunían y venían a Sevilla a tocar, y descubrí así un buen grupo. No me vuelven locos como a mucha gente; los grupos que me vuelven loco a mí son otros. Pero tienen ese halo romántico y esas letras Baudeleirianas extrañas, que los hacen únicos, musical y líricamente.

Ala, un saludo

viernes, 12 de octubre de 2007

Piece of metal 2

La espalda apoyada contra el montículo, al mirar hacia delante podía ver a sus compañeros subir por la enlodada colina, sorteando cadáveres mutilados de gente conocida. Por esa muerte de la que se alimentaba ahora mismo el fango tenía que llegar arriba y matar a los últimos vietnamitas que quedaban.

Al borde de la enajenación, o quizás demasiado cerca de la realidad como para soportarlo, dio media vuelta y siguió subiendo, los pies resbalando, su arma disparando. Aprovechó un grueso tronco para cobijarse, sacar una granada de mano que había reservado, y lanzarla apuntando hacia la trinchera vietnamita de lo alto de la colina.

Una explosión, miembros mutilados. Más muerte, qué más da; nada importa, sólo la colina.

El silencio se iba adueñando del lugar; los escupitajos de las metralletas cada vez sonaban más aislados. Parece que estaban ganando. Siguió subiendo. En una ocasión resbaló y tuvo que volver a recorrer unos cuantos metros. Ya no quedaba a penas nadie de ningún bando. El silencio sólo era secuestrado por gritos agónicos procedentes de la trinchera coronante y algún disparo aislado.

Al llegar al montículo, esperó a uno de sus compañeros, que llegaba sangrando por un brazo. Este era el momento. Matar o morir. El único ocupante restante estaba sólo. Se le ocurrió una idea al ver el cadáver muerto de un habitante del Vietcong al lado del montículo de sacos. Ordenó a su compañero que lo elevara y lo asomara por un lado, mientras él se dirigía silenciosamente a unos metros.

A una orden, el cadáver asomó por un lado de la trinchera. El vietnamita superviviente en el foso disparó en esa dirección y fue fácil abatirlo.

En ese momento puso observar lo que había dentro del lugar que llevaban varios meses asediando. Más muerte y miseria, ni más ni menos.

Habían coronado la puta montaña. La plaza fuerte era suya. Vidas y vidas había costado, en una lucha que ya no importaba a nadie. Pero la colina era suya, sí...

Y ahora... ¿qué?

miércoles, 10 de octubre de 2007

Extremoduro y nostalgia

Este grupo tiene la cualidad de transladarme a otra época, a cuando tenía 14 tacos y fui a mi primer concierto, que fue este de Extremoduro en el auditorio... en el 2002, ni más ni menos. Iba con unos cuantos colegas aunque más que ná con el Josele... Todo parecía mágico, desde el viaje hacia allá (fui solo en bus y me encontré a dos notas que iban payá, me acoplé con ellos) hasta el concierto en sí.

Va, no me lo perdonaré nunca, lo vi desde las gradas pese a que este me decía illo vámonos pabajo. Pero esque desde abajo no se veía una mierda. Pero va, después me arrepentí xD

Extremoduro es música de calle. De adoquines y de vaqueros rotos. De estar todo el día por ahí con una litrona en la mano. Música de la Alameda, como tantas otras. Por eso me trae recuerdos, pese a ser un grupo del que sólo he escuchado las canciones más típicas. Me recuerda a las botellonas, sentados en los banquitos de la Alameda, por ahí haciendo el loco con un puto carrito de la compra.

Descubriendo cosas nuevas poco a poco, cuando aún no sabía nada de la vida... Sigo sin saber demasiado, pero ya es más que en aquellos tiempos, cuando todos éramos unos "newbies" xD Con el pelo a medio crecer, con la música y tu estilo por bandera... En fin.

Y lo que me queda, colega

viernes, 5 de octubre de 2007

In deny

Lo siento, ahí va una de existencialismo. Ya seguiré el relato de antes. Es que es de noche y pasa lo que pasa... La noche confunde, la luna ejerce extraños influjos, como dicen Héroes. Y eso no se lo inventó Dinio, por dios...

...De hecho tengo mucho material existencialista sacado de mi último día de resaca mortal (y moral).

En los días de resaca, mientras yaces en el que, llegas a pensar, será tu lecho de muerte en breves instantes, piensas muchas cosas. En las cosas bonitas que tiene la vida, especialmente. Para qué vas a pensar en las malas, si estas ahí muriéndote. Piensas en las buenas para saber todo lo que no has hecho aún.

Realmente, seamos sinceros, sabemos que no nos vamos a morir. Pero en esa invalidez que nos envuelve, en ese mutismo y esa impotencia, te sientes capaz de hacer cualquier cosa... Cuando tu cuerpo filtre el alcohol que aún hay en tu sangre, claro.

Son días extraños, los días de resaca. En muchos casos, has llegado a las 7 de la mañana, aproximadamente, por lo que te levantas a la hora de comer.

...Sí.

LA HORA DE COMER

Esa cosa que es la última que podrías hacer en ese momento. Comienzan a llegarte entonces los efluvios del potaje de garbanzos de tu madre. En ese momento te levantas para potar, con suerte en el cuarto de baño. Sin ella, antes.

Entonces, al producirse ese desfase horario, pierdes ya la mitad del día. En algún instante, te preguntas cómo coño pudiste estar de juerga 7 horas seguidas (o más, en mi último caso) sin la ayuda de ninguna droga que se consuma por vía nasal. Bueno, son cosas que no tienen respuesta.

Entonces este día se convierte en un día en blanco (blank day, para los guiris). Es un día de mierda en el que no haces nada, marcado por la actividad confusa de tu mente y un tanto anodino. Si encima está nublado, entonces se convierte en un puto día en blanco (fucking blank day).

¿Por qué nos acordamos de las cosas buenas sólo cuando estamos al borde de la muerte? ¿Por qué no las tenemos en cuenta cuando vamos por la calle andando? Eso es ser ciertamente egoístas con nosotros mismos. Así que os recomiendo, especialmente a los pesimistas y a los emos y demás calaña con energía negativa (como diría Cova), que dejeis de rayaros. Moveos un poco, que para eso están los pies, y dejad de lamentaros, ostias. Cuando estéis en vuestro verdadero lecho de muerte será demasiado tarde ya.

Y pillaros un buen morao y uníos a los Four-legged warriors

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Piece of metal

Tenía que alcanzar la cima de la colina. Tenía que llegar, como fuera. Ya no importaba matar, asesinar, acribillar a balazos. Había visto cientos de cuerpos mutilados y desgarrados, por la metralla, por las hojas afiladas, por las balas, por el napalm que caía del cielo cada mañana. De hecho, estaba rodeado de cuerpos sin vida.

Ya nada importaba...

Hacía meses que no recibía cartas de su novia. Seguramente le habría dejado por otro, por alguno hippie de pelo largo lleno de piojos, de esos que estaban tan de moda ahora allá en casa. Al principio ella le animaba; poco a poco las cartas empezaron a tardar más y más, y ya, nada. No era el único al que le había pasado, de todas maneras. El bueno de Max no llegó a recibir ninguna carta... -...Esa furcia... -decía a veces en voz baja. Hasta que un jodido vietnamita le voló la tapa de los sesos.

La guerra no era popular en Estados Unidos. La última vez que fue a casa, una muchedumbre melenuda les recibió con abucheos y escupitajos. -¡Volved a Vientam! -decían. -¡Aquí no queremos asesinos!
Unas cuantas chicas preciosas de pelo largo les tiraban huevos.

Él se había enterado de que incluso el presidente Kennedy daba por perdida la guerra, pero como general no quería que sus hombres se enteraran. Sería como una patada en los huevos.

Estaban en el puto infierno.

La jodida colina...

Antes estaba llena de árboles. Ahora no quedaba ni un tronco en pie. Las granadas de mano los tiraban abajo, y el napalm se dedicaba a kemar los troncos y los cadáveres esparcidos. Estaba todo lleno de agujeros y trincheras, por todas partes. Los vietnamitas habían cabado fosos con maderas puntiagudas en el fondo... Al menos era una muerte rápida.

Hacerse con ella era su vida. Ya le daba todo igual, no sabía por quién luchaba, su país los odiaba, nadie quería esta puta tierra llena de junglas y de ríos. No sabía por qué estaba allí. Se alistó buscando la gloria y solo encontró misería y muerte, destrucción inútil; esta guerra no tenía sentido. Así que decidió centrarse en la colina. Después de todo, no podría irse de Vietnam.

Todos hablaban de lo que harían cuando llegaran a casa. Grandes sueños... Recordaba todos los proyectos de sus chicos, aunque estuviesen muertos. Joder... Un cuerpo inmóvil, con una expresión vacía... Antes había estado lleno de ilusiones y de ganas de vivir. Ahora estaba lleno de plomo. Esta puta guerra no servía para nada, sólo para llegar a la colina y para matar o morir en el intento.

Se sentían solos. Subiendo la embarrada pendiente y esquivando los obstáculos, se echó al suelo para cobijarse contra las balas. Los vietnamitas habían construído en lo alto de la colina una trinchera, y, joder, siempre venían más, nunca se acababan... Ellos no pintaban nada allí.

Pero ya quedaba poco... Llegarían a la cima.