lunes, 23 de agosto de 2010

El primer viaje

Los años de preparación fueron duros, sin duda. No cualquiera puede adentrarse en el espacio, en lo desconocido; al menos, no todavía.
Pero él estaba ansioso. Quería flotar a la deriva en el cosmos, contemplar el orden perfecto tras el aparente caos, ser consciente de
la enormidad, de la inmensidad oculta tras la percepción superficial.
Ver las inmensas moles planetarias flotando, sobrevolarlas, empequeñecer ante su grandeza, aun sabiendo que forma parte de ello. Sentir
el placentero vértigo de la ingravidez, sostenerse en la nada, como en una constante incertidumbre. Ser consciente de la inteligencia superior
del universo. Ni un millar de años podría pagar lo que sus ojos iban a ver. Para ello había soportado las innumerables pruebas, los esfuerzos
sobrehumanos, las noches en vela. Para el viaje que comenzaba ahora, en este día.

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